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miércoles, febrero 01, 2012

dos más dos igual... in fi ni TO (2+2=∞)





 "A ver niños, ¿alguien sabe cuánto son dos más dos?"...
así empezó todo. Para mi, ese había sido mi axioma. Nada ni nadie podía decirme que no eran... puf, ¿cuánto era el resultado?. Creo que lo aprendí el mismo día que lo de "la "m" con la "a", "ma"".

Pero no soy capaz de asegurarlo.

A veces 2+2 con claramente 4, pero otras veces puede que eso se quede corto. Hay otras veces que me parece demasiado. No, no puede ser, ¡las matemáticas son una ciencia exacta!.
Je, las matemáticas sí, pero la vida... pues va a ser que no.

Por ejemplo, si te meten en la cárcel y te caen 2 años por robo y 2 más por estafa. Cumples 3 a lo sumo. Así que, 2+2=3.

Vaya ejemplo, con cárceles y todo... no mola. 

Hay gente que tiene muy claro que las cosas son 2+2. Viven seguros de eso y eso les reconforta el día a día. Es una buena forma... pero hay más resultados.
Camino de casa, en mi monopatín, pensaba que tenía cuatro ruedas. Sí, 2+2. Pero en realidad tenía 2 nuevas y 2 viejas. Mis dos dólares semanales no me permitían grandes alardes. Así que no, 2+2 no eran 4. En mi caso, 2+2 eran un monopatín que me llevaba a casa pero 4 ruedas diferentes que me obligaban a comprar otras dos en poco tiempo. De 2 dólares en 2 dólares, ahorrando poco a poco.

Tampoco en casa parecía que fuéramos 4. Éramos 2+2, sí. Pero no 4. Cada uno estábamos en un bando, así que, realmente, 4 éramos como resultado de 1+1. Un bando más otro. Pero, eso parecía una tontería al lado de la respuesta que me dio la profesora. Sí, la misma que me jodió el verano y que me hizo quedarme sin vacaciones cuando me suspendió su asignatura. Porque, sí, me suspendió ella. Yo la iba a aprobar, hasta que me puso el examen más difícil de la historia de los institutos del mundo y... suspendí. 
Me dijo: "¿qué te crees?, ¿que saber que 2+2 son 4 es suficiente para aprobar esta asignatura?". El sarcasmo no era lo que más me gustaba oír cuando un profesor me explicaba mi nota, pero me aguanté. Sí, tenía razón. Yo no sabía todos los problemas, pero pensé que dos respuestas correctas más dos problemas perfectos serían 4 puntos. Y no, eran 3 puntos. Porque no todos valían lo mismo. Vaya, qué sorpresa. 
Sin embargo, hubo otra gente a la que la cuenta le salía mejor.




Porque está claro que para algunos 2+2 siempre son 5 y para otros siempre son 3. ¿De qué depende? ¿Del cristal con que se mira?. No. Je, no depende eso... sólo. Depende de muchas cosas.
Por ejemplo, para el banco y para ti. Para el banco siempre serán 5 y para ti siempre serán 3. Joder, qué divertido. Si ya me dijeron una vez: "aprende a sumar y multiplicar, que a restar y a dividir ya te enseñará la vida". Pues puede que tenga razón. Oye, y que si no te enseña la vida... te lo enseña un banco.


Sí que es verdad que, el resultado de 2+2... puede que a veces sea 4. Cuando es cuatro te sientes seguro, te sientes contento. Pero la realidad es que lo que importa no es el resultado real. Lo que importa es que te creas el resultado que te da a ti. 
Si la suma te sale 3, pues te sale 3. Si te sale 5, pues te sale 5. Y si te sale 4, amigo, si te sale 4 es que llevas un monopatín con las 4 ruedas perfectamente engrasadas e iguales en todo momento... pero es sólo ideal.


La cuestión es que, de media, te salga 4. Pero... mi consejo, si te sale 4 de primeras... desconfía.


Mi primo me decía que si me parecía que 2+2 eran 5, es porque era un optimista de la vida, que vivía en el mundo de la piruleta.
Pero claro, hablé con mi tía. Y me dijo que si para mí 2+2 eran 3... malo. Que era un pesimista empedernido y corría peligro de convertirme en un amargado.


Increíble. 


Lo único real es que mis 2 dólares de mi mano derecha y mis 2 dólares de mi mano izquierda no me daban para comprar la entrada del cine que costaba 5 dólares. Por mucho que los mirara como un JEDI, aquello no dejaba de ser 4 dólares exactos. O, por lo menos, eso decía el tío de la taquilla. Era un racionalista de los que no quedan, estaba claro. 


De todas formas, mi madre, cuando tenía momentos de lucidez entre copa y copa a las 9 de la mañana, me decía: "hijo, siempre debes ver el vaso medio lleno, no hagas como yo". El problema es que ella siempre pensaba que tenía el vaso medio vacío de whiskey. 
A veces lo comparo a la suma que nos ocupa. Pero claro, el racionalista del taquillero sólo me habría dicho: "este vaso es el doble de grande de lo que debería ser".
¡Coño!, mójate tío. O estás con los que lo ven medio lleno o con los que lo ven medio vacío.


cienciaonline.com



Todo esto daba vueltas en mi cabeza cuando me caí del monopatín, y quizá por la caída empecé a pensar en todo esto. "2 vasos medio llenos + 2 medio vacíos.... no, 2 vasos son 4 medio llenos...".


Todo me daba vueltas. Pero entonces, cuando mi cabeza no pensaba nada racional y entonces mi cerebro era libre para demostrar todo su potencial fue cuando comprendí que, sin duda, lo mejor es no saber el resultado de cuánto es 2+2.


Tienes tiempo de descubrirlo. Deja que la vida te demuestre que no es exacta... y, sobre todo: déjate sorprender por ella. 




culturadelareflexion.bligoo.com

lunes, enero 16, 2012

En busca de la suerte perdida

- "¿Qué tiene de malo que te cague una paloma por la calle?". Pregunté.
- "¿Dónde? En el hombro? ¿En la cabeza?". Me contestó.


Vaya, eso no lo había pensado. Me había vuelto a pillar. Eso me pasa por preguntar tanto. Si pudiera estar más callado...
El caso es que la respuesta era la razón de la pregunta. No es lo mismo que te cague en la cabeza o en el hombro. O eso parece.
Yo no lo veía tan claro. Para mí era una putada semejante. Pero, al día siguiente, me pasó. Y eso me hizo cambiar de opinión. No. No es lo mismo.
Del pelo sale peor y... da más asco.


Pero yo no quería saber qué era más incómodo, quería saber qué daba más suerte. Me habían dicho que el que te pasara algo así era sinónimo de suerte. Y, claro, no era de extrañar ver a algunas personas persiguiendo palomas.... persiguiendo la buena suerte que le negaba la vida. 


Pero las palomas son caprichosas, no hacen lo que tú quieres. Puedes estar debajo de una bandada, que no tienen por qué bendecirte con sus restos. Así que, anduve el camino que me quedaba para llegar a casa, con cara de asco. Deseando lavarme la cabeza y sabiendo que el jefe se iba a cabrear por el retraso. Pero, al menos, iba a tener suerte.


También me había tirado toda la vida madrugando, así que Dios me tenía en sus plegarias y me ayudaba... menos los fines de semana, que no madrugaba. No tenía esa costumbre ni tanta necesidad de ayuda. Aunque nunca está de más. Últimamente empiezo a creer que debería dormir sólo 30 minutos, para tener toda la ayuda del mundo... 


Pero ahora tenía la caca de la paloma. Eso iba a cambiarlo todo. Encontraría un trabajo mejor, en el que me pagaran por trabajar y no donde yo regalara mi tiempo a cambio de propinas. Ojalá existieran personas que supieran interpretar los restos de las palomas... igual que los posos de café.


Suerte con el dinero, la salud o el amor son las típicas alternativas. Yo no sabía si quería saberlo... las tres me parecen tan pasajeras como el agua entre las manos. O quizá no. Pero eso sólo el tiempo lo dice. El último día de tu vida podrás decir que la salud te abandonó antes o después que las otras dos. 
Pero nunca sabes cuándo se te va a cruzar una paloma a 5 metros de altura y va a acertar con tu cabeza o tu hombro. Es algo que ni los mejores lectores de posos de café te podrán decir nunca. 


Ni Murphy con sus leyes. Ni el hecho de que ya te toque dejar de ser cucharilla sucia del lavavajillas.


Nunca se sabe.


Yo creo que voy a tener que seguir igual, pero claro, con otro optimismo. Con otra luz en los ojos: "me ha cagado una paloma", pienso. "¡Qué suerte!".
¿Y qué otra cosa mejor te puede pasar si no? Tener ilusión.


El caso es que tengo suerte. Suerte de poder vivir en un sitio donde hay palomas, porque si no, no podría nunca jugar a esa lotería del "bien de ojo". Y suerte es que no llueve mucho, porque el paraguas no es un obstáculo... realmente, ¿qué digo?. ¿Suerte de poder tener suerte?


¿Suerte de poder tener una oportunidad?


Puede que parezca una tontería, pero es lo mejor que te puede pasar. Deja el futuro en tus manos y agradece el pasado que te pone donde estás ahora. Con eso ya juegas con ventaja. 
Abandona ese derrotismo... ¡mira tu alrededor! Si sigues pudiendo quejarte... deberías hacértelo mirar, y no precisamente en los posos de café.


Y no, no es el mal de muchos lo que me hace sentirme afortunado. Es lo poco que necesito para ser feliz lo que me hace querer seguir mirando al cielo en busca de palomas... pero en este caso, mensajeras.


¿Quieres que te de un motivo para sonreír hoy? Haz una cosa: abre la ventana, o sal a la calle. Párate un momento. Mira a tu alrededor. Cierra los ojos y piensa en lo que más te gusta en el mundo. Respira hondo, lo máximo que puedas. Y piensa: "estoy vivo".


Todo lo demás tiene remedio. Estás de suerte.


:-)



martes, enero 03, 2012

La... n a d a

Todavía recuerdo el nombre de aquella imagen, de la sensación que dejó en mi interior. Todo se resume en algo tan sencillo y tan sutil como la falta de aire en los pulmones. Nunca  antes había sentido eso, porque estaba vivo, pero lo había soñado.

Esperé un poco, para saber si lo que me estaba pasando era otro sueño pero... por más que me pellizcaba, sólo conseguía herirme un poco más. Por fuera en este caso.

Su nombre era extranjero, sonaba hasta bien. Como las canciones que mi tío solía poner en ese viejo tocadiscos. Un LP que me dejaba sin respiración en este momento y que me hacía recordar lo pequeño e insignificante que era. ¿Qué cómo se llamaba? ¿Qué qué había visto?.

La imagen era mi reflejo, y el nombre era "Nothing". Sí, es verdad, no sé por qué lo recuerdo en inglés, probablemente para darle empaque, para hacerme más importante de lo que ese marco con un cristal dentro decía de mí mismo.

Nada.

Es cierto, me quedé helado. No pude moverme durante algunos instantes. Sentí que no era nada. Y me sentí bien, sin poder respirar, pero bien. Qué bueno es eso de no ser nada en un momento de tu vida. En un reflejo de tu imagen... en un abrir y cerrar de ojos. En lo que tardo en volver a mirar y verme a mí mismo. 
Eso sí que es algo. Yo.

¿Qué más podía pedir? Ya sé: un cuarto más grande. No, no, no, mejor, un coche. Todavía usaba la vieja bicicleta para ir al trabajo... o, en los mejores meses, el autobús. 

Y yo me quejaba... ¿de qué? ¿De mirarme 2 segundos a un espejo y ver el fugaz reflejo de la nada enfrente de mí?
Eso es muy poco para quejarse.

Si pones la tele un rato, entre partido y partido (de fútbol y político), entre tertulia y tertulia (de patio y de política), puedes ver lo que pasa a tu alrededor y, ¿qué respuesta obtienes de ello?. Tu reflejo de cara de gilipollas viendo que hay muertos, guerras, bombas, paro... dramas, al fin y al cabo. Y eso es lo que hay en la tele: nada. 
Qué efecto producen en ti es algo que no puedes contestar, te da vergüenza. No puedes hacer nada para no sentir otra cosa, pero es así. Realmente, ¿qué te importa lo que ves?. Nada. 

Te importa tu reflejo, ese que por un momento te ha parecido que no era nada y te ha dejado sin respiración. Claro, ahora sabes cómo se sienten los que miran desde dentro del televisor, desde el otro lado. Ven tu cara de gilipollas siendo capaz de comer viendo su desgracia. Y lo que ven es la nada. 

Perdida en su mirada igual que en la tuya al despertar y lavarte los dientes delante del espejo que ahora se venga de ti y te dice que no eres nada. Sí, un segundo... dos a lo sumo... pero te lo ha dicho: "no eres nada". Eres lo mismo que ellos, sólo que ahora te toca estar en el lado del televisor que tiene el mando.

Pero esto no importa nada. Porque tienes un mando ficticio, un mando que cambia y otorga poder en la misma cantidad: nada.

Por eso, siempre que quieras tener el mando. Siempre que sientas que puedes ser algo más que lo que un estúpido espejo te dice de refilón y sin que tú hayas preguntado... siempre que sientas que las cosas a tu alrededor sí importan... tienes dos opciones: no hacer nada o hacer algo.

"Algo". Esta palabra me hace gracia. Es un concepto tan ambiguo de la"nada" que hasta parece que es lo contrario.


"Algo"... era la palabra que utilizaba mi tío antes de un tenue "lo que pueda". Al final, mientras la nube de humo que salía por su cigarrillo a medio fumar se escapaba de su boca, siempre podía leer en sus labios un "no". Aunque no lo dijera. Pero lo podía leer, y casi escuchar, si el humo permanecía lo suficiente. 

Si quieres hacer algo, pero no con la palabra vacía, puedes tirar ese espejo osado que se mete contigo o puedes tratar de cambiar el mundo.

Ya, ya lo sé. Es demasiado para ti. Y para mi. Pero no me refiero al planeta, tranquilo. Me refiero a un día a día de cosas que no te gustan o que crees que se podrían mejorar.


¿Qué puedo hacer yo desde mi pequeño cuarto o con mi triste bicicleta? ¿Escuchar un LP de mi tío que traiga la nostalgia como compañera e inunde la habitación como hacía el humo de sus cigarrillos? ¿Esperar sentado que todo cambie? ¿No mirarme en el espejo?...

Si te ha surgido eso en tu interior al quedarte sin respiración viendo tu reflejo... entonces debes escuchar las palabras de Gandhi que tanto me gustan:

"Sé el cambio que quieres ver en los demás"

Y os dejo otra que me gusta: "la vida es un juego, sí. Nadie gana siempre. Pero si juegas con amor, ganarás más veces de las que perderás".


jueves, noviembre 04, 2010

Filosofía de sobremesa I

La teoría de la cucharilla sucia del lavavajillas

Esta es una historia que no empieza con “érase una vez…”, porque sucede desde tiempos inmemoriales y sigue sucediendo día a día.

Es tan antigua que sucede desde antes de que se inventara el lavavajillas. ¡Pero qué digo!, sucede desde antes de que se inventaran las cucharillas. Desde que los hombres usaban taparrabos y las mujeres tapa… y las mujeres bikini tipo "Los Picapiedra".

De hecho, al ser muy antigua, se han utilizado diferentes maneras de expresar la teoría, todas con la misma esencia. La tendencia actual, mía, como heredero de esta larga tradición oral jamás escrita (hasta hoy), es la de la usar una cucharilla y un lavavajillas para explicarla.

La teoría es la siguiente:

  • Suele pasar, y no depende de la marca de lavavajillas, que por mucho empeño que pongas, SIEMPRE se queda una cucharilla llena de tropezones de comida y desechos en general.
Es como si esa cucharilla atrajera la “mierda”, con perdón.

Te preguntas: “¿por qué coño está cucharilla tan pequeña, qué digo pequeña, ínfima, tiene tanta mierda? ¿Es que no se va a lavar bien nunca?”.

La realidad es que no siempre es la misma cucharilla la que se queda llena de restos y tienes que volver a lavar. Suele rotarse.

Ahí es donde está la analogía con la vida real que luego explicaré.

Pero eso no es todo, los más observadores ya habrán descubierto el quid de la cuestión, por si acaso, lo voy a revelar: amigos, agárrense... EL RESTO DEL LAVAVAJILLAS ESTÁ LIMPIO. Sobretodo alrededor de la cucharilla.

Entiendo que hayan pasado algunos minutos desde que leísteis esa revelación, ese axioma de la vida que es el efecto que esa cucharilla llena de restos de comida tiene sobre el resto del lavavajillas.

Efectivamente. A veces, en la vida, te toca ser esa cucharilla llena de mierda que hace que el resto de los cubiertos, ollas, cazuelas… no importa la condición, ni lo buenos ni malos (sucios o limpios), que hayan sido antes de entrar en el lavavajillas, parezcan limpios a su lado.

Unos estarán más limpios que otros, pero la realidad es que al lado de esa simple cucharilla, parecen impolutos.

Así es la suerte. Así de cruda. La realidad es, y esto es de lógica aplastante, que toda la mierda que recoge esa cucharilla no la han sufrido el resto. Me explico: si había todo eso para repartir entre todos, la cucharilla ha evitado que se repartiera. Le ha tocado todo al mismo.

Mira a tu alrededor, siempre hay alguna cucharilla cogiendo mierda por ti. Y ya llegará el día en que te toque ser cucharilla. Es pasajero, aleatorio. Se pasa de uno a otro como el “tú la llevas” de los niños.

¡Arriba las cucharillas! Son los mártires del azar, los sufridores de lo impepinable. Gente como tú y como yo que ese día le ha tocado ser cucharilla.

Hacen un bien por la sociedad sin darse cuenta.

Atención, ser cucharilla no es gracioso, puede ser una putada máxima. Pero lo que hay que sacar de todo esto es que el papel de cucharilla en el lavavajillas de la vida es pasajero.


Nota del autor: después de esta frase tan lapidaria y tan seria, lo mejor era acabar así. Sin más.